sábado, 22 de julio de 2017

Hidratos de carbono


Los hidratos de carbono, o carbohidratos, son la principal fuente de energía para el organismo humano, por ser la más común y más barata en todo el mundo.
También son conocidos como glúcidos, nombre que deriva del griego glykys que significa dulce, aunque la mayoría de dulces tienen poco. Otro nombre por el que son conocidos es el de sacáridos, de la palabra latina que significa azúcar, aunque el azúcar común es tan sólo uno de los centenares de compuestos distintos que pueden clasificarse en este grupo.
Los hidratos de carbono son compuestos orgánicos cuya molécula está formada por tres elementos simples, el carbono, el oxígeno y el hidrógeno. Como estos dos últimos elementos se encuentran en la misma proporción que en el agua, de ahí deriva su nombre clásico de hidratos de carbono, ya que aparentemente es como si se añadieran moléculas de carbono y de agua, pero en realidad, su formulación desarrolla formas químicas mucho más complejas.
De todos los nutrientes que se pueden emplear para obtener energía, los hidratos de carbono son los que producen una combustión más “limpia” en nuestras células y dejan menos residuos en el organismo. De hecho, el cerebro y el sistema nervioso, en condiciones normales, usan permeasas para absorber solamente utilizan glucosa para obtener energía, evitándose así la presencia de residuos tóxicos (como el amoniaco, que se produce al quemar proteínas).
Se encuentran fundamentalmente en los vegetales, que los elaboran con ayuda de la energía que obtienen de la fotosíntesis, aunque en los animales y en los seres humanos, hay pequeñas cantidades almacenadas en el hígado y músculos en forma de glucógeno.


Estructura química
La estructura fundamental de los hidratos de carbono responde a la fórmula química Cn(H2O)n, donde n indica el número de veces que se repite la relación para formar una molécula de carbohidrato más o menos compleja.
Respecto a la fórmula química podemos dividir a los hidratos de carbono en tres grupos principales: monosacáridos, disacáridos y polisacáridos.

Monosacáridos
En los monosacáridos n tiene un valor igual o mayor que tres siendo más frecuentes los que cuentan con 6 átomos de carbono. Son las formas más simples ya que están constituidos por una sola molécula, por ello no sufren ningún proceso de digestión, y se absorben como tales por el intestino, por lo que son la fuente de energía más rápida. Son sustancias blancas, con sabor dulce, cristalizables y solubles en agua.
Las principales moléculas de monosacáridos son hexosas, como la glucosa, la galactosa y la fructosa, pero los monosacáridos pueden tener entre 3 y 7 átomos de carbono. Así, por ejemplo, estaría la ribosa, una pentosa de cinco carbonos que participa en la formación de ATP o de otros nucleótidos.


La glucosa es el principal producto final de la digestión de los hidratos de carbono complejo. De esta forma los absorbemos. Para su metabolismo es necesaria la participación de la hormona insulina. La glucosa podemos encontrarla como tal en la miel, en el zumo de uva y otros frutos maduros, pero normalmente se encuentra en disacáridos y polisacáridos como las cadenas de almidón.
La glucosa se almacena en el hígado y en el músculo en forma de glucógeno, que es la forma de almacenamiento de los carbohidratos en el organismo. Está formado por largas cadenas de glucosa unidas entre sí y con ramificaciones, constituyendo la principal fuente de energía cuando practicamos una actividad física intensa. Cuando hay una disminución de glucosa en sangre, el glucógeno es degradado a través de amilasas y transformado en glucosa, de esta manera se pueden cubrir las necesidades energéticas del organismo.
El nivel de glucosa en sangre se conoce como glucemia, de tal forma que la palabra hipoglucemia indica un nivel demasiado bajo y, por el contrario, hiperglucemia indicaría un valor demasiado alto. Los valores normales de glucemia se encuentran entre 60 y 110 miligramos de glucosa por decilitro de sangre, medidos en ayunas.
Las personas que tienen niveles altos de glucosa en sangre son los diabéticos, que deben administrarse diversos medicamentos, además de la insulina, para que sus niveles de glucosa se mantengan en límites normales. Esta situación de normalidad se conoce como normoglucemia.
La fructosa, ingerida en cantidades moderadas, no aumenta la glucemia en la sangre y, por lo tanto, no necesita de la insulina para su metabolización, por ello puede ser consumida como sustituto del azúcar por los diabéticos.  La podemos encontrar en la mayoría de las frutas maduras y en la miel, junto con la glucosa.
La galactosa podemos encontrarla en las legumbres, y es uno de los componentes de la lactosa (carbohidrato de la leche). Es muy importante en la dieta durante los primeros meses de vida, correspondiendo con la época de la lactancia. Se sintetiza en las glándulas mamarias y es metabolizada en el hígado, donde se convierte en glucosa.

Disacáridos
Son carbohidratos formados por la unión de dos monosacáridos, dicha unión se realiza por medio de los llamados enlaces O-glucosídicos. Son solubles en agua, dulces y cristalizables.
En la mucosa del tubo digestivo humano existen las enzimas, disacaridasas, que hidrolizan el enlace glucosídico que une a los dos monosacáridos, lo que permite su absorción intestinal.
Los disacáridos más conocidos son la sacarosa, la maltosa y la lactosa.
La sacarosa está formada por una molécula de glucosa y una de fructosa. Es el azúcar de consumo habitual, ya sea blanco o negro, que se obtiene a partir de la caña de azúcar y de la remolacha azucarera, aunque también se encuentra en otros alimentos como la piña o la zanahoria. Juega un papel importante en la dieta del hombre ya que contribuye a mantener los valores normales de glucosa en sangre.
La maltosa se forma por la unión de dos unidades de glucosa. Se obtiene a partir de la cebada germinada o en forma de material de reserva de tubérculos, semillas y raíces de muchos vegetales, o también como un producto intermedio de la hidrólisis del almidón. Se utiliza en la elaboración de la cerveza.
La lactosa es el azúcar contenido en la leche, por eso es el único disacárido de origen animal con importancia nutricional, así, por ejemplo, la leche de vaca contiene del 4 al 5% de lactosa. Está formada por una molécula de glucosa y otra de galactosa. La lactasa es la responsable de su división, se sintetiza muy fácilmente el organismo en el periodo de la lactancia, pero en muchas ocasiones, conforme se llega a la edad adulta disminuye su síntesis o incluso desaparece totalmente. Entonces se desarrolla una intolerancia a la lactosa, de tal forma que cuando se ingieren productos que la contienen, como la leche, las natillas, el queso, etc., se producen molestias intestinales que pueden ir acompañadas de náuseas, calambres y diarrea.



Polisacáridos
Están formados por la unión de muchos monosacáridos, desde 11 hasta cientos de miles, y la mayor parte de glúcidos que aportamos al organismo están de esta forma.
Son largas cadenas de moléculas simples que, dependiendo de cómo sean los enlaces químicos que los unen, el organismo podrá romperlos fácilmente mediante las enzimas o no podrá hacerlo.
Digeribles
Dentro de este grupo se engloban los almidones o féculas y el glucógeno.
Los almidones constituyen la reserva energética de los vegetales. Está formado dos tipos de cadenas: unas rectas, llamadas amilosas, y otras ramificadas, amilopectinas; unida por enlace alfa 1-4 y alfa 1-6, respectivamente.
Dependiendo de la prevalencia las ramificaciones, el almidón será más o menos fácilmente digerido, y por lo tanto la glucosa se absorberá a una determinada velocidad. El almidón tiene ramificaciones cada 20 o 30 glucosas, por lo que las enzimas que rompen los extremos finales de cada ramificación (glucosidasas) tendrán poca glucosa que liberar. Esto implica que las fibras vegetales tienen un índice glucémico bajo.
La rotura parcial de las cadenas de almidón por acción enzimática o por la acción del calor dan como resultado, maltodextrinas, que son por ello más fáciles de digerir.
El glucógeno constituye la reserva de los animales y por lo tanto de la especie humana, lo almacenamos en el hígado y en el músculo. El organismo utiliza el glucógeno almacenado en el hígado para conservar la concentración adecuada de glucosa en sangre, fundamentalmente entre comidas. El glucógeno muscular sirve de fuente de glucosa de fácil acceso para la utilización por el propio músculo en situaciones de esfuerzo muy intenso.
Tiene la misma estructura que el almidón, solo que las ramificaciones son más frecuentes, así que puede liberar glucosa más rápidamente que el almidón. No podemos hablar de índice glucémico alto porque es un polisacárido que se genera como reserva de glucosa, no es un alimento que consumamos cuando necesitemos glucosa.
Esta reserva permite mantener niveles adecuados de glucosa en sangre en los períodos que no hay ingesta de glúcidos, lo cual tiene una gran importancia, fundamentalmente para el cerebro.
Parcialmente digeribles
Son un grupo de hidratos de carbono que pueden ser fermentados por la flora intestinal dando lugar a lactato y ácidos grasos de cadena corta que pueden ser absorbidos y metabolizados. Su valor energético es inferior a las 4 kcal por gramo que tiene el resto de glúcidos digeribles.
Constituyen un “alimento” para nuestra flora intestinal, por lo que su consumo es muy saludable. El más conocido de este grupo es la inulina, presente en muchos vegetales y frutas.
No digeribles, la fibra
Son largas cadenas de hidratos de carbono que la especie humana no puede digerir, aunque sí los animales herbívoros. Aunque seas vegano, lo vas a seguir sin digerir, fiera.
Actualmente se clasifican atendiendo a su solubilidad en el agua. Así pues, las hay insolubles, como la celulosa, y solubles como las gomas (goma guar) y los mucílagos.


Fibras
En la dieta la fibra la encontramos en los productos vegetales, y una de sus características es que no aporta calorías.
Aunque la fibra no sea absorbida y, por lo tanto, pase prácticamente inalterada por el intestino, tiene unas propiedades que la hacen imprescindible para el mantenimiento de la salud.
Por su capacidad para retener agua, regulan el apetito porque provocan saciedad y, por tanto, pueden ayudar a controlar el peso. Mejoran el funcionamiento del intestino grueso, y favorecen sus movimientos (su motilidad), así los residuos del proceso digestivo, que tienen cierto grado de toxicidad para el colon y el recto, son más fácilmente evacuados, al estar menos tiempo en contacto con la mucosa intestinal.
Por ello, las fibras corrigen el estreñimiento y protegen contra ciertos tipos de cánceres digestivos. Además, ayudan a prevenir o tratar la diverticulosis (inflamación de los divertículos intestinales que son pequeñas bolsas o sáculos que se extienden desde la luz del intestino hacia el exterior de éste), la diabetes y las enfermedades cardíacas.
Dentro de las fibras podemos encontrar dos tipos:

Solubles
Retienen el agua durante la digestión lo que implica un retardo en la digestión y en la absorción de los nutrientes desde el estómago al intestino. Regulan el nivel de glucosa en sangre y dificultan en parte la absorción de colesterol, ayudando de esta manera a reducir su nivel plasmático. Podemos encontrarlas en alimentos como la cebada, lentejas, avena, nueces y algunas frutas y verduras.

Insolubles
Las encontramos en el salvado de trigo y en las verduras. Aceleran el tránsito intestinal y dan mayor volumen a las heces.
Aunque, como hemos visto, las fibras tienen efectos beneficiosos para la salud, debemos hacer alguna observación en cuanto a posibles efectos adversos. Si se consumen grandes cantidades de fibra en un período de tiempo corto se puede llegar a sufrir flatulencia, distensión y cólicos abdominales, los cuales desaparecerán cuando la flora intestinal se adapte a ese aumento de fibra en la dieta. Los problemas de gases o diarrea pueden verse disminuidos si vamos incluyendo en nuestra dieta fibras de forma gradual.
También, se puede producir una interferencia en la absorción de elementos como el hierro, el zinc, el magnesio y el calcio, pero, normalmente, los alimentos ricos en fibras lo son también en minerales y no se observan problemas de deficiencias por esta causa.

La cantidad de fibra recomendable en una dieta es de 30-35 gramos por día. Además, es recomendable beber abundante agua ya que ésta ayuda a que la fibra transite a través del sistema digestivo.




domingo, 16 de julio de 2017

Hablemos en claro



La alimentación y la nutrición son dos conceptos bastante relacionados pero diferentes. Podemos decir que los alimentos son la fuente de los nutrientes. El hombre, para su supervivencia, necesita consumir alimentos, desde los más simples hasta los que se presentan en los menús más elaborados.

Concepto de alimento
Según el Código Alimentario Español, nuestra Biblia, un alimento es «toda aquella sustancia o producto de cualquier naturaleza, sólido o líquido, natural o transformado, que por sus características, aplicaciones, componentes, preparación y estado de conservación sea susceptible de ser habitual e idóneamente utilizado:
Ø  Para la normal nutrición humana.
Ø  Como fruitivo.
Ø  Como producto dietético, en casos especiales de alimentación humana».
La alimentación es el proceso de elección, preparación e ingesta de los alimentos. Al ser un proceso voluntario y consciente, la calidad del mismo dependerá de factores educacionales, económicos y culturales.
Los alimentos, en definitiva, son almacenes dinámicos de nutrientes que una vez ingeridos aportan:
ü  Materiales a partir de los cuales el organismo puede producir movimiento, calor o cualquier otra forma de energía.
ü  Materiales para el crecimiento, la reparación de los tejidos y la reproducción.

Tipos de alimentos
Podemos dividir los alimentos en dos grupos:
Ø  Simples: aquellos que están constituidos por un solo tipo de nutriente, por ejemplo, la sal o el aceite de oliva.
Ø  Compuestos: aquellos que están constituidos por varios tipos de nutrientes. En este grupo se incluyen la inmensa mayoría de los alimentos.

Clasificación de los alimentos
Los alimentos se clasifican en base a la Rueda de los Alimentos. En ella podemos distinguir los grupos siguientes:
1  Leche y derivados. Son alimentos en los que predominan las proteínas. Se
consideran alimentos reparadores puesto que proporcionan los elementos necesarios
para el crecimiento y renovación del organismo.
2.    Carnes, pescados y huevos. Al igual que en los anteriores predominan las proteínas.
3.  Legumbres, frutos secos y patatas. Son alimentos que proporcionan energía, además
de elementos básicos para el crecimiento del organismo, así como aquellos necesarios
para regular ciertas reacciones químicas que se producen en las células. Predominan los
glúcidos, pero también presentan cierta cantidad de proteínas, vitaminas y minerales.

4.    Hortalizas. Al predominar en ellos las vitaminas y minerales se trata de alimentos
con función reguladora de reacciones químicas.
5.   Frutas. Poseen las mismas características que las hortalizas, además de un cierto
efecto energético, por su contenido en carbohidratos.
6.    Cereales y pan. Se trata de alimentos energéticos donde predominan los glúcidos.
7.    Mantecas y aceites. Al igual que los cereales se trata de alimentos energéticos pero
la diferencia radica en que en este grupo predominan los lípidos.



Nutrientes
Los nutrientes son sustancias químicas, contenidas en los alimentos, que necesita el organismo para realizar las funciones vitales. Para extraer estos nutrientes de los alimentos se lleva a cabo la nutrición, que el Código Alimentario Español define como:  
«El conjunto de procesos fisiológicos mediante los cuales el organismo se aprovecha de las sustancias contenidas en los alimentos, para incorporarlas a sus propios órganos y tejidos».
Por lo tanto, podemos decir que la nutrición es involuntaria, que comienza por la digestión y sigue con la absorción y el transporte de esos nutrientes hasta los tejidos y órganos.

Funciones de los nutrientes
Podemos resumir las funciones de los nutrientes en cuatro grandes grupos:
Energéticas. El organismo necesita energía para su funcionamiento interno, esto es, para que sigan ocurriendo todos los procesos fisiológicos, desde las reacciones químicas hasta el movimiento del aparato digestivo o el mantenimiento del pulso cardíaco. Pero también necesita energía para el mantenimiento de la temperatura corporal y para el propio movimiento o trabajo físico.
Formación de otros compuestos. Algunos nutrientes se transforman en otras sustancias también necesarias para el funcionamiento orgánico, como por ejemplo, los ácidos biliares que sirven para ayudar a digerir las grasas.
Estructurales. También llamadas plásticas, por su capacidad para formar tejidos, como algunos minerales que forman parte del tejido óseo o como las proteínas que forman los músculos.
Almacenamiento. El organismo almacena algunos nutrientes sin modificarlos y otros, sufriendo una transformación química. Los ejemplos más conocidos los constituyen las grasas y el glucógeno.

Tipos de nutrientes

Químicamente hablando: Podemos dividir los nutrientes en cinco grandes grupos
ü  Glúcidos o hidratos de carbono.
ü  Proteínas o prótidos.
ü  Lípidos o grasas.
ü  Minerales.
ü  Vitaminas.
A su vez, podemos dividir este grupo en:
Macronutrientes: engloba a los glúcidos, proteínas y lípidos. También se denominan principios inmediatos.
Micronutrientes: son sustancias imprescindibles para la vida, aunque sus necesidades se midan a veces en cantidades muy pequeñas (milésimas o partes por millón). Pertenecen a este grupo los minerales y las vitaminas. Hoy en día ya no se usa el término oligoelemento, para clasificar a los minerales, se prefiere hablar de elementos mayoritarios (calcio, fósforo, magnesio, cloro, sodio y potasio), elementos traza (hierro, flúor, zinc, cobre, selenio, yodo y manganeso), y elementos ultratraza (molibdeno, vanadio, níquel, cromo, cobalto, silicio, estaño, boro, antimonio, arsénico, bromo, litio). Aunque, conforme avanzan las investigaciones médicas, esta lista se va ampliando constantemente.

Energéticamente hablando:
Energéticos: Son los que el organismo puede transformar en energía, aunque además también puedan tener otras funciones. A este grupo pertenecen los hidratos de carbono, las grasas y, en menor grado, las proteínas. Siempre serán utilizados en primer lugar para la obtención de energía los hidratos de carbono y las grasas.
No energéticos: Minerales y vitaminas. Nunca se pueden transformar en energía, aunque la presencia de alguno de ellos (vitamina B1, magnesio, etc.) sea necesaria para la transformación en energía de los nutrientes energéticos.
También podemos clasificar a cada uno de los nutrientes, como esenciales o no esenciales, dependiendo de si el organismo es capaz de sintetizarlos a partir de otras sustancias o necesita de su ingestión diaria.
Para no entrar en clasificaciones complejas, podemos decir que todos los minerales y todas las vitaminas (a excepción de la D3, K y niacina) son nutrientes esenciales, por lo tanto, debemos ingerirlos mediante la alimentación o mediante la suplementación diaria.

sábado, 15 de julio de 2017

¿Hace falta saber algo más de nutrición?

Nutrición y salud son dos conceptos que están íntimamente relacionados.
Los antiguos filósofos ya lo preconizaban basándose exclusivamente en conocimientos totalmente empíricos, es decir, basados en la experiencia. Pero los avances en las ciencias médicas han hecho que hoy sea un hecho totalmente demostrado.
La práctica deportiva implica unas mayores demandas de energía y nutrientes, por eso el deportista debe consumir más cantidad de alimentos que la población sedentaria. El conocimiento específico de cuáles son esos requerimientos especiales de nutrientes hará que la alimentación sea una herramienta fundamental para mejorar su rendimiento y su salud.
El conocimiento profundo de la fisiología del ejercicio hará que podamos conocer con mayor rigor cuáles son los nutrientes que el deportista debe consumir en un momento determinado. Conocemos la fisiología del ejercicio como todos aquellos cambios, adaptaciones y reacciones químicas que ocurren en el organismo cuando está sometido a un esfuerzo físico.
De ello se ocupa una rama especial de la nutrición humana que se conoce en estos momentos como “nutrición deportiva”.
Aquellos que quieren adentrarse en el campo de la nutrición deportiva, deben conocer perfectamente conceptos básicos de fisiología del esfuerzo físico para poder comprender mejor cómo aplicar sus conocimientos nutricionales. Del mismo modo, deben conocer los principios básicos y generales de la Nutrición humana para comprender y aplicar los específicos de la Nutrición Deportiva.
Solamente conociendo las bases de todo esto, podrá comprender y aplicar con mayor grado de autonomía los principios específicos que se desarrollarán posteriormente.
Por ello, para su implementación, se ha seguido un criterio de desarrollo paulatino, en el que se han ido introduciendo nuevos conocimientos una vez expuestos los más básicos.
También por ello, vamos a dedicar una entrada entera dedicada a la energía, que normalmente, se olvida a la hora de escribir manuales de nutrición deportiva, en el que se desarrollan conceptos básicos de la Fisiología del Ejercicio, necesarios para comprender y saber aplicar posteriormente estos principios a los alumnos y deportistas en general.
Aunque el fin sea la preparación o formación de monitores para las distintas ramas y especialidades que componen lo que hoy se conoce como wellness, debemos destacar que nuestro organismo no entiende de especialidades deportivas, sólo entiende de esfuerzo físico, de la intensidad con que se realiza éste y del número de músculos o fibras musculares que intervienen en el llamado «gesto deportivo», independientemente de cuál sea la especialidad, por ello, aunque algunos conceptos estén específicamente desarrollados para una práctica en concreto, el conjunto de conocimientos expuestos, es de aplicación general en cualquier tipo de especialidad deportiva, lo cual hace más interesante su estudio.
También es importante destacar que, después de realizar numerosísimas encuestas nutricionales por pesada de alimentos en los últimos 20 años a todo tipo de deportistas, las estadísticas nos demuestran que la inmensa mayoría de ellas presentan déficits nutricionales que en algunos casos han llegado a ser muy importantes, y han llegado a originar situaciones donde se condiciona el rendimiento deportivo y la salud del individuo.
Por ello, es fundamental conocer las necesidades reales de energía y nutrientes que tiene cada deportista, para así poder establecer unos criterios nutricionales que le permitan alcanzar el grado de prestación deportiva por él deseado, y mantener en todo momento un nivel óptimo de salud.